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Thomas en el Campamento Norteamericano

Las fuerzas del teniente coronel Enrique Thomas, que permanecieron en Playa del Este y en sus inmediaciones hasta finales del mes de julio, protegieron a los marines yanquis de posibles incursiones españolas. El propio Thomas reconoce en sus memorias: "(...) los primeros días fueron para nosotros alegres, pero esto fue variando de tal modo que después de rendido Santiago de Cuba, se nos hacía insoportable la estancia allí”. Mientras los norteamericanos pernoctaban en sus campamentos, protegidos por tiendas de campaña que los resguardaban del sol,- de las lluvias y del sereno, los soldados mambises debieron conformarse con ranchos improvisados en la intemperie.

Los médicos norteamericanos no prestaron la debida atención a los enfermos del Ejército Libertador, numerosos en esos días por el brote de fiebre amarilla, epidemia endémica de la zona, como consecuencia de la estancia demasiado prolongada en un ambiente inhóspito, a pesar de la capacidad de adaptación de los combatientes cubanos demostrada en diferentes escenarios.

Las raciones de alimentos que debían distribuirse entre las fuerzas en ocasiones faltaron a los mambises, impedidos de procurarse por sus medios el sustento en una región carente de posibilidades de obtenerlos.

Las relaciones entre las tropas, fraternas en los días de peligro, se tornaron tirantes. Las manifestaciones de desprecio hacia el soldado cubano fueron frecuentes y no faltaron los momentos en que fue necesario convencer a los hombres para conservar el orden. "Fueron atentos mientras duró el peligro y cuando se disipó éste, no faltaré a la verdad si digo que estuvieron hasta groseros (...)", señaló Thomas.

El mando norteamericano impuso a las fuerzas cubanas una política de aislamiento que se manifestó en la imposibilidad del jefe del Regimiento Guantánamo de enviar libremente comunicaciones a Periquito a través de los correos situados en punta San Nicolás. Los envíos que pudieron realizarse se lograron tras muchas súplicas y ruegos. La integridad moral de Thomas y su respeto a la orden de Periquito de "(...) dejar bien puesto el nombre de nuestra amada Patria (...)" evitaron choques desagradables entre ambas fuerzas, aparentemente aliadas.

El día 19 de julio, Thomas remitió a Pedro A. Pérez copia de una proclama firmada por el presidente norteamericano William Mc Kinley el día anterior, en la cual se instruía a las fuerzas de ocupación acerca de la conducta que debían observar en los territorios liberados. En ella se indicaba: "El primer efecto de la ocupación militar del territorio del enemigo es la superación de las antiguas relaciones políticas de los habitantes y del establecimiento de una nueva potencia política". Como puede observarse, los norteamericanos se erigen en amos supremos de los destinos del pueblo de Cuba, no disfrazan sus intenciones y lo expresan de manera directa al desconocer al Consejo de Gobierno de la República de Cuba en Armas y a las instituciones civiles creadas por él. De este modo comenzaron a incumplir la Resolución Conjunta aprobada por el Congreso norteamericano el 20 de abril de 1898, en la cual se estableció en el artículo cuarto que Estados Unidos no tenía intenciones de ejercer dominio sobre la isla de Cuba.

Cumpliendo su deber decidió informar al general Pérez de los acontecimientos, e inmediatamente envió copia íntegra de la proclama, proponiéndole a su vez que el gobierno tomara cartas en el asunto.

El día 19 de julio Thomas fue llamado a conferenciar con el mayor general Nelson Miles, General en Jefe del Ejército norteamericano, quien recabó información acerca de su persona, de las fuerzas que mandaba, y también datos del general Pérez. Posteriormente le solicitó 50 hombres de sus fuerzas para embarcarlos hacia Puerto Rico: "(...) no para pelear, sino para hablar y convencerlos (a los puertorriqueños) de las ventajas que les podían ofrecer los norteamericanos".

Ese mismo día Calixto García le ordenó al general Pedro A. Pérez lo siguiente: "Sírvase Ud. poner a disposición del mayor general William R. Shafter cincuenta hombres del Regimiento que manda el teniente coronel Enrique Thomas, para acompañar al Ejército americano a Puerto Rico, procurando sean voluntarios P. y L. Calixto García."

Aunque el alto mando del Ejército Libertador aceptó la incorporación de voluntarios para que participaran en la invasión de Puerto Rico, junto a los marines que zarparon en los buques de la escuadra naval yanqui, el día 22 de julio de 1898, desde el puerto de Guantánamo convertido en base de operaciones, no se incluyó a ningún cubano.

El día 23 de julio, antes de producirse la separación de las fuerzas cubanas de las norteamericanas, para incorporarse las primeras al Cuartel General de la Primera División, el comandante Browman Mc Calla ordenó la formación de ambas unidades con el propósito de dirigir algunas palabras de agradecimiento a los cubanos. El breve discurso fue traducido a intervalos por el teniente coronel Garda Vieta. En el momento en que se refirió a sus tropas, Mc Calla expresó:

"(...) Los cubanos habían venido a salvarlos del pánico en que se encontraban ellos desde su llegada por los continuos ataques de los españoles que no los dejaban respirar. No sé cómo agradecer bastante, en nombre del gobierno de Norteamérica y en el propio, a los cubanos que, como una bendición del cielo, llegaron en momentos precisos para evitarnos un desastre."

Uno de los oficiales yanquis, el teniente coronel Huntington, jefe de las fuerzas de tierra, protestó de algunos conceptos implícitos en esas palabras, a lo cual Mc Calla replicó: "Ud. podrá decir lo que quiera, pero la verdad histórica es lo que acabo de manifestar".

De esta manera, las fuerzas aliadas se separaron después de permanecer 42 días en estrecha y contradictoria convivencia.