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La batalla del Cuzco

El combate de El Cuzco fue la acción militar más importante librada hasta ese momento por fuerzas cubano-norteamericanas contra el ejército español en las inmediaciones de la bahía de Guantánamo, y la primera victoria de los ejércitos aliados contra el colonialismo español en toda Cuba.

El escenario marino guantanamero fue el primero que albergó en su seno a tropas norteamericanas, y las huestes mambisas dirigidas por Thomas, las primeras de todo el Ejército Libertador que participaron en operaciones militares terrestres conjuntas.

A las 5 y 10 de la mañana del día 14 de junio de 1898, la diana mambisa rompió el silencio del amanecer y acto continuo se ordenó formación. Frente a sus soldados, el Jefe del Regimiento Guantánamo, Enrique Thomas, pronunció las siguientes palabras: “Esta es la primera fuerza que va a pelear junto a los americanos por nuestra independencia y cuanto deseo decirle, lo considero comprendido por vuestro patriotismo”.

Investido con la autoridad de jefe máximo de las operaciones terrestres, Thomas solicitó doscientos hombres al teniente coronel norteamericano William Ray, quienes al mando del capitán George Elliot se pusieron a sus órdenes. Los cien cubanos fueron distribuidos en los tres grupos en que se dividió a la fuerza que asaltaría las posiciones españolas en El Cuzco.

A pesar del movimiento de tropas debe consignarse que los españoles no percibieron su desplazamiento. Considerándose seguros hasta entonces, envalentonados por las acciones de los días anteriores y observando la inactividad casi permanente de los yanquis, no esperaban este ataque.

Cuando se había cumplido la primera fase del plan y se preparaban las condiciones para iniciar el ataque de las fuerzas aliadas, un incidente puso en peligro la operación. Un pelotón de marines le hizo saber a Thomas que tenían el firme propósito de volver atrás, porque a esa hora —las 11 de la mañana— aún no habían almorzado. El oficial cubano se dirigió al capitán norteamericano, que personalmente dirigía sus fuerzas, y puso en conocimiento la extraña conducta de sus hombres. Ante la respuesta de que “(…) no se podía exigir el cumplimiento a unos hombres con quien la Nación, a esas horas, no había cumplido todavía”, Thomas le replicó: “Capitán, si la mitad de mis soldados, en momentos críticos como estos, se vuelven la espalda frente al enemigo con la otra mitad los fusilo sin contemplación alguna”. Superado este obstáculo y convencido el capitán yanqui de la necesidad de continuar el avance, el escenario quedó listo para el inicio de las operaciones armadas.

A pesar de que las fuerzas atacantes tenían a su favor el dominio de las alturas más prominentes, desde las cuales efectuaron disparos de fusilería con bastante precisión, el apoyo de la artillería del buque Delfín y el factor sorpresa, las fuerzas colonialistas, integradas por soldados regulares, voluntarios y guerrilleros, resistieron a pie firme la embestida desde los flancos.

Cuando culminó la preparación artillera, las fuerzas combinadas se lanzaron al asalto del valle y de las alturas de El Cuzco, dando por resultado inicialmente un combate de posiciones, al defender los colonialistas con gallardía sus trincheras y el campamento. Sin embargo, el ataque fue tan constante y sólido, que se vieron obligados a dispersarse y desalojar las alturas. La dispersión desordenada de las fuerzas españolas –su jefe el coronel Luis Millás había abandonado el campo de batalla al escucharse los primeros disparos- amplió el escenario del combate. Se formaron pequeños grupos que trataron de buscar una salida hacia el norte, dirección donde tenían mayores posibilidades de romper el semicerco en el que había caído.

Las acciones se desarrollaron violentamente y por momentos se escenificaron cuerpo a cuerpo, mostrando ambos adversarios tenacidad en su empeño, hasta que la agrupación española fue diezmada, con excepción de algunas unidades que lograron escapar en dirección al fuerte Cayo Toro. En las áreas cercanas al campamento español el combate se transformó en una cacería individual, por lo cual las operaciones se extendieron alrededor de cinco horas, a partir de las cuales cesaron los disparos, culminando el combate.

El fin de las acciones dio paso al reconocimiento del escenario de los hechos. El propio Thomas relata que cuando terminó la operación solicitó al capitán Elliot cuarenta infantes de marina para precisar la dirección hacia donde se habían retirado las derrotadas fuerzas españolas, capturar prisioneros entre los soldados dispersos entre la maleza, ocupar botín de guerra y cuantificar las bajas de ambas partes. El oficial yanqui respondió: “(…) que los soldados estaban muy estropeados y que no habían comido y que el Gobierno Americano no necesitaba ni fusiles ni pertrechos de guerra”, Thomas, a través de su intérprete le señaló: “(…) que no los necesitaba, ni a él, ni a sus hombres que iría solo o con los hombres de mi fuerza que estaban allí”.

Junto con el teniente José Demetrio Pérez, el sargento Patrón y una pequeña unidad mambisa, Thomas salió de reconocimiento, del cual resultaron 22 prisioneros, 40 armamentos, parque y un botiquín. Concluía así el combate de El Cuzco, victoria contundente de las armas cubano-norteamericana sobre los españoles.

La bahía de Guantánamo se convirtió desde este momento en un centro de operaciones navales, desde donde se brindó apoyo de todo tipo a los buques que operaron durante esos días en los alrededores de la rada santiaguera y en el Caribe.

Con la toma de El Cuzco quedó roto el sistema defensivo principal del ejército peninsular en la bahía guantanamera y en sus inmediaciones, no obstante los españoles mantuvieron sus posiciones en Caimanera, en puntos estratégicos de la escabrosa Sierra del Maquey y Puerto Escondido, lugares hacia donde se dirigieron los sobrevivientes del combate.

Tras el combate de El Cuzco las fuerzas aliadas tomaron definitivamente la iniciativa estratégica en las operaciones bélicas que se desarrollaron en los contornos de la bahía, y los norteamericanos se sintieron seguros en sus posiciones. A partir de entonces, los españoles no incursionaron más en el campamento de las fuerzas aliadas.